Caminé hacia el porche de mi casa, había algo de viento... Algo mucho, pero aún así decidí sentarme a mirar la hermosa tarde. Acababa de levantarme, había tenido una noche agobiante.
Tomé la pequeña taza de té y tomé un suave sorbo.
-Permiso-oí una voz y los arbustos comenzaron a moverse. Largué un grito mudo y escupí el té.
-¡Danny! ¡Me asustaste!
-Pedí permiso.
Reí, adoraba sus muecas, lo adoraba a él.
-Ehm... Sí-rascó su nuca- ¿Sabes? Estaba aburrido en mi casa y... Quería saber si querias salir a caminar.
-Claro... Espera me cambio-sonreí.
-¿Para qué?
-Para... ¿Salir a la calle?- enarqué una ceja y él me tomó del brazo.
-¿Qué diablos haces?
-Te llevo a dar un paseo, estás herm...bien así-sonrió.
No lo había notado hasta que me soltó, pero su mano se había quedado sobre mi espalda un largo rato, y se sentía bien.
-¿No vas a hablar?-susurré
-Ehm... -me miró- No.
Asentí una vez, aunque sabía que él no me estaba mirando. Honestamente, tenía ganas de abrazarlo. Sus ojos azules no dejaban de buscar algo, algo en el camino... Pero él no hablaba, y eso me hacía sentir incómoda.
-¡Dí algo, ya!
-Algo-sonrió- ¿Estás... Incómoda?
-Sí-bufé
-También yo. Quizá fue una mala idea invitarte a...
-No-interrumpí- Está bien.
-Si...-susurró- ¿A dónde quieres ir?
-A...-me mordí el labio- ¿La playa?
-Genial-sonrió y comenzó a correr.
-¡Danny! ¡¿A dónde vas?!
-¡A la playa!-gritó mientras se alejaba, así que lo seguí corriendo, o un intento de ello.
-Tardaste mucho, mucho- rió algo agitado.
-Cierra el pico, mono.
-¿Mono?-rió- Caracol...
Danny estaba algo callado, cosa que era rara de él... Obviamente. Intenté no mirarlo, ya que él estaba mirandome a mí... Y sería raro encontrarnos. Habíamos sido vecinos toda la vida, nuestros padres no eran muy unidos, y nostros tampoco, pero aún así nos veíamos de vez en cuando.
Sólo logré ver que él se había levantado, y luego... Me empujó al mar.
-¡Idiota!- grité riéndome, y cuando logré safarme de la marea alta lo tomé del brazo y tiré de él.
-Mi celulár estaba en mi bolsillo-susurró apretando sus labios- voy a matarte
Comezé a correr mientras me reía -verdaderamente parecía un mono- y mi zapato se hundió en la arena haciéndome caer, y haciendo que Danny callera sobre mí.
Miré hacia los costados ¿Acaso no iba a quitarse de arriba mío? Y luego tomé valor: Miré primero a sus labios, porque aún no estaba lista, y luego, sin pensarlo, levanté la vista para mirarlo a los ojos. Maldito hijo de perra, qué hermoso era.
-Eres preciosa-susurró
-¡Daniel Alan David Jones, ¿Estás coqueteando conmigo?!-grité
-¿Ah? Sí... Creo. Sí, por su puesto que sí, Ary.
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