Sus labios me transmitían choques eléctricos.
Pero por supuesto, después de un tiempo uno se termina acostumbrando.
Bien, este no es el caso; su boca es como fuego y sus besos como miles de agujas sobre mí.
Pero no iba a dejarlos, era el fuego más adictivo y no quemaba, pero si ardía.
Era lo mejor que había probado en mi vida; y las agujas… eran como ser masoquista.
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